"La Casa de los Espíritus" de Isabel Allende, una obra realmente espectacular, que traspasa la tristeza y nos hace entender sobre la herida eterna provocada a personas movidas por ideales más bien diferentes, ideales que no es posible tachar o clasificar como posibles o imposibles, simplemente porque no han tenido cabida, porque han sido aplastados como la opinión de los niños. Los pequeños tienen y expresan pensamientos con mucho sentido, pero que muchas veces son subestimados y no valorados por los adultos, adultos que viven en un frasco de cristal... adultos que no pueden escuchar, que no pueden sentir más allá y que no pueden ver. Entonces me pregunto, Quiénes realmente están tomando las decisiones? Quiénes realmente están criando y educando a las nuevas generaciones? Qué prioridades existen hoy? Solo espero ser diferente, solo espero encontrar ese equilibrio, espero no ser atrapada como la ropa sucia para entrar a la lavadora, lavadora enchufada y puesta en marcha automáticamente... yo, quiero ser como la ropa sucia lavada a mano poder sentir más allá, poder disfrutar de lo más simple, porque cuando sienta la felicidad que provoca el respirar, mi vida tendrá más sentido que nunca. Experiencias como esta hermosa obra de teatro que me llevó hasta las lágrimas, me gritan lo viva que estoy, me gritan lo feliz que puedo llegar a ser, me gritan al oído que la inversión de mi tiempo no tiene límites y que la felicidad circula constantemente, se entrecruza con la tristeza y se combinan de manera especial, en puntos específicos. Nuestra vida es un laberinto donde no sabemos lo que se encuentra al otro lado, pero si sabemos que existe un principio y también un final.

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